sábado, 14 de agosto de 2021

El mismo Derecho para todos los Chilenos

 LA MOLESTIA DE UN PASTOR

Por los fundamentos de la Presidenta Constituyente, Elisa Loncón





Es de todos los Cristianos, por lo menos de RECHAZO.
La molestia es porque claro, nos violentaron a través de la Presidenta de la CC y no le importó nada los argumentos de su par Constituyente y terminó acusándonos de Colonizadores.

Seguramente no sabe nada de la historia Cristiana, de nuestra Fe, de nuestra convicción, en cambio nosotros sí sabemos de ellos, a saber por ejemplo:
Los mapuches vivieron en estado de libertad hasta 1881. Eran ganaderos y comerciantes de animales.
Por lo general eran muy ricos. Los mapuches se empobrecieron por la fuerza del Estado y colmaron su memoria de recuerdos y nostalgias del pasado que habían sido obligados a dejar.
Allí se constituye la cultura mapuche moderna. Combinación de nostalgia, resentimientos, y afirmación de su propio futuro e identidad. Se originan sin duda los odios primordiales.
Los mapuches son convertidos en campesinos pobres. Entre 1881 y 1927 se produjo este proceso de expropiación de las tierras indígenas y sometimiento a reducciones. Durante buena parte del siglo veinte, los líderes “araucanos”, que así se autodenominaban, luchan por una “integración respetuosa” a la sociedad chilena.  

Participan activamente en política, llegan al Congreso nacional, donde denuncian el despojo de que son objeto, buscan por todos los medios institucionales obtener un lugar en la sociedad. Son rechazados.
En la década del cincuenta del siglo veinte se producirá el movimiento más amplio mapuche de integración a la sociedad chilena. Venancio Coñoepán, líder indigenista de la época llegará a ser ministro del Presidente Carlos Ibáñez del Campo y numerosos líderes mapuches ilustrados serán elegidos en el Congreso nacional. Este movimiento se unirá a la derecha política chilena.

No conseguirá grandes cosas. No se lograría detener el robo de tierras, las denominadas “usurpaciones”, ni tampoco la pobreza en las comunidades. Como todas las cosas de la vida, ante la discriminación y el rechazo, el péndulo se carga hacia el otro lado y los mapuches buscan a través de los hechos obtener sus reivindicaciones: es el final de la década del sesenta y los años de la Unidad Popular del Presidente Salvador Allende. Se produce una masiva “toma de fundos”, invasión de las comunidades a las tierras que se le habían quitado cuarenta años antes, esto es, a la generación anterior. Hay en ese momento, especialmente el año 1971, una verdadera insurrección de las comunidades mapuches del sur de Chile.

Los mapuches vieron en la izquierda política un aliado y en el proceso que ocurría un espacio adecuado para lograr sus reivindicaciones territoriales históricas. Se pensaba que con la liquidación de las comunidades y la entronización de la propiedad privada se debilitaría esa sociedad y perdería su energía y combatividad. La cuestión fue justamente la contraria. En los años ochenta en medio del gobierno de Pinochet, surgen nuevas organizaciones y se incuba, por primera vez quizá con claridad y fuerza, una ideología que afirma la identidad mapuche en su etnicidad y cultura, relativamente separada de la chilena.

La transición a la democracia en Chile se desenvuelve en el sector indígena en el marco político del Acuerdo de Nueva Imperial entre la Concertación de Partidos por la Democracia y las organizaciones representativas de los pueblos indígenas. Este acuerdo fue solemnemente firmado el año 1989, en Nueva Imperial, pequeña ciudad en medio del territorio mapuche, por el entonces candidato a la Presidencia de la República Patricio Aylwin, el primer presidente del período post-pinochetista.

Estaba presente una multitud indígena y prácticamente todas sus organizaciones representativas. En ese acuerdo los indígenas aceptaban transitar a la democracia que se reconstruía por el camino institucional, esto es, canalizar sus demandas por las vías institucionales y no de hecho, como las tomas de tierras, y el nuevo gobierno se comprometía a reformar la Constitución de la República reconociendo la existencia de los Pueblos Indígenas de Chile y dictar una nueva legislación.

No cabe duda y así es reconocido por todos los sectores indígenas que el año 1990 se abrieron muchas expectativas de que el nuevo proceso democrático incorporaría las demandas indígenas y abriría espacios para una nueva relación entre estos y el Estado.

En 1993 se dictó una nueva ley Indígena pero la Reforma Constitucional fue rechazada en el Congreso Nacional. Un enorme conflicto a raíz de la construcción de una represa hidroeléctrica, Ralco, vino a debilitar enormemente la capacidad institucional de la nueva legislación y cientos de familias finalmente fueron trasladadas de sus tierras históricas como parte de la construcción de este proyecto hidroeléctrico [Namancura, 2003].

La expansión de las empresas forestales hacia los territorios donde habitan las comunidades abrió otro frente de enorme conflictividad, lo que condujo a que en el año 1997 comenzará a quebrarse seriamente la vía institucional convenida en el acuerdo de la localidad de Nueva Imperial. Numerosas organizaciones de indígenas jóvenes sobrepasan el marco institucional dado por el Acuerdo y comienza un período de movilizaciones, conflictos y represión estatal. Este es el conflicto mapuche actual.

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Ahí se las dejo, pero algo sabemos, y lo que no, lo indagamos, pero la Presidenta CC nada, nos ha tratado de Colonizadores, saben ustedes qué es ser un Colonizador?

Se entiende por colonizador el que coloniza, conquista, domina, invade, reside, establece, desarrolla, emigra o inmigra, el que fija en un terreno de estancia de los cultivadores.

El desarrollo de las iglesias evangélicas en Chile data de mediados del siglo XIX. El hecho de que con anterioridad no se hayan desarrollado responde a numerosas causas, entre ellas la hegemonía de la Iglesia Católica en el país...

La coyuntura que permitió la aparición de las iglesias evangélicas fue el florecimiento de las ideas liberales y el surgimiento de grupos dirigentes para quienes valores como la tolerancia y la libertad de pensamiento fueron fundamentales. La inmigración europea, principalmente de alemanes e ingleses, también influyó en este proceso ya que trajeron consigo sus iglesias de origen, como fue el caso de la anglicana y la luterana.

La misión evangélica comenzó en las últimas décadas del siglo XIX. Con una intención proselitista básicamente urbana, con la excepción de una misión anglicana en la zona mapuche, paulatinamente las iglesias evangélicas fueron marcando presencia en las grandes ciudades. Gracias al afán secularizador de una parte importante de la sociedad chilena, ejemplo de lo cual fue el establecimiento de las leyes laicas bajo el gobierno de Domingo Santa María, y a la visita de reconocidos anticlericales como David Trumbull, fueron surgiendo en Chile iglesias cristianas no católicas e instituciones educacionales que plasmaban en la sociedad la nueva forma de vivir el cristianismo, más individualista y liberal que el promovido por la Iglesia Católica.

La diversidad religiosa se hizo cada vez más patente en la sociedad chilena. En 1909 surgió la Iglesia Metodista Pentecostal, que a pesar de sufrir un cismo a comienzos de la década, el mayor a la fecha de la humanidad, 9.5 Richter en 1930, se convirtió en la principal iglesia evangélica de Chile.

La población evangélica creció a un ritmo particularmente fuerte desde 1930 en adelante, año en que se reconocían como evangélicos menos del dos por ciento de la población.

Durante el Gobierno militar de Augusto Pinochet, las iglesias evangélicas tuvieron un reconocimiento social importante, en gran parte producto del distanciamiento del gobierno con la Iglesia Católica por la posición decidida de ésta en la defensa de los derechos humanos. Símbolo de aquello fue la inauguración de la Catedral Evangélica el año 1974 y, por sobre todo, la realización del primer Te Deum evangélico en el año 1975.

En la actualidad, según el Censo del año 2002, los evangélicos constituyen la segunda mayoría religiosa del país.

El 15 o 20 más por ciento de la población chilena profesa la religión evangélica, tres puntos más que el índice detectado diez años antes, frente a un 69,96 por ciento que profesa la religión católica.

Su presencia en los ámbitos populares urbanos es evidente; sus Pastores han postulado a cargos de representación popular y su jerarquía convive armoniosamente con la Iglesia Católica, constituyéndose así en un pilar importante de la sociedad chilena contemporánea.

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Ante este cuadro histórico entre Mapuches y Evangélicos en Chile, debemos reconocer que la Fe Cristiana Evangélica es fundamental en la vida de los Chilenos.

Cuando se reconoce a una Fe como la Evangélica también se le reconoce sus doctrinas, sus cantos, sus símbolos (bandera), su esencia misma de sus cultos espirituales que han ayudado muchísimo en la sociedad en la regeneración de personas que han tenido problemas en el alcohol, las drogas o han sido delincuentes y que en su proceso de la Fe Evangélica se han rehabilitado y se han reinsertado en la sociedad.

Esto, al Estado no le ha costado un solo peso porque se entiende que es Dios quien cambia a las personas y las hace "nuevas criaturas".

Dejo constancia que no todos los Cristianos o Evangélicos practicantes hayan sido delincuentes, drogadictos, alcohólicos, etc.

Muchos, como yo mismo incluso, llegué a la Fe Cristiana porque a Dios se le plació llamarme para el propósito que hoy desarrollo como Comunicador social.

Como ven, no somos Laicos porque ser Laico es ser secular, seglar, lego, civil, secularizado, mundano, profano, terrenal; ósea todo lo contrario a espiritual, que es nuestra esencia desde las vísceras, el corazón y alma creyente.

Saludos Cordiales

                                                                         

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